Julianne Moore pierde la memoria y ofrece una actuación magistral en “Still Alice”


Tomado de: sin embargo.mx

Por Mónica Maristain

Ciudad de México, 31 de enero (SinEmbargo).- Después de ver Still Alice, el tremendo y sobrio filme dirigido por Wash Westmoreland y Richard Glatzer, queda una sensación invariable durante un buen tiempo: Julianne Moore va camino en convertirse en la nueva Meryl Streep, su heredera legítima.

Es decir, si el paradigma de la actriz versátil, que crece en belleza, precisión interpretativa con el paso de los años y no al revés, es la rubicunda y veterana estrella de New Jersey, Moore parece pertenecer al mismo árbol genético y corresponder a esa aristocracia artística sólo dable a un puñado de actores en el mundo.

En todo caso, tal como le dijo al crítico Gabriel Lerman en una entrevista publicada el año pasado en el periódico español La Vanguardia, Meryl es el modelo para Julianne.

“Lo decidí al final de mi adolescencia. Recuerdo que me impresionaba mucho Meryl Streep. Me acuerdo de verla en la portada de Time, en casa. Estábamos hablando sobre ella, acababa de ver su película sobre el holocausto y dije a mi padre que me gustaría ser actriz como ella”, dijo Moore.

Alice Howland está orgullosa de la vida que tanto esfuerzo le ha costado construir. A los 50, es profesora de psicología cognitiva en Harvard y una experta lingüista de fama mundial, con un marido exitoso y tres hijos adultos. Cuando empieza a sentirse desorientada y olvidadiza, un trágico diagnóstico cambia su vida, al tiempo que su relación con su familia y con el mundo, para siempre, dice la escueta sinopsis de Still Alice.

La historia en sí, basada en la novela homónima de Lisa Genova, es pequeña, corta y abismal: a los 50, en la plenitud de su vida, Alice es diagnosticada con Alzheimer prematuro. Pum. Ya está.

El dictamen, como el desarrollo posterior de su vida, resulta implacable. Y si bien la película no se regodea en el golpe bajo, tampoco es concesiva. No hay cura posible para el Alzheimer y el deterioro, además de brutal, resulta irreversible.

Una joven y bella mujer a punto de caer en el precipicio. Y sin enterarse de ello, lo que duplica la tragedia. Tanto la duplica que conmueve hasta la exasperación el discurso de Alice a su marido: “Hubiera sido mejor tener cáncer”, afirma.

Juliane Moore, nacida hace 54 años en Carolina del Norte, realiza una tarea magistral en la elaboración de ese sino inevitable hacia la nada, esa descomposición mental por medio de la cual un ser humano se convierte en una planta y luego en el residuo de esa planta.

TEMPORADA DE PREMIOS

El trabajo de Moore no sorprende aunque fascina. Se trata de otra perla en una larga cadena de gemas que ha sabido entregar más de una vez al año en la última década y que la ha puesto muy cerca de su primer Oscar, luego de obtener el Globo de Oro.

Ella, sin falsa modestia, ha expresado su felicidad por el galardón que se presiente, tan merecido que lo tiene, al declarar una y otra vez en diversas entrevistas que sí, que le importa la estatuilla dorada y que aquel actor que dice lo contrario sencillamente “miente”.

“Todos buscamos reconocimiento, está en nuestra naturaleza”, dijo Moore, quien a pesar de haberlo merecido en otras oportunidades (ha sido candidata cuatro veces antes que ahora), esta vez parece que se le llevará el gato al agua, gracias a una producción modesta, de escaso presupuesto, rodada en pocos días.

En una entrevista publicada en Perú, Moore ha restado peso a su oficio, al decir que es la vida lo que le ha permitido aplicar enseñanzas en su trabajo y no al revés, al tiempo de relativizar el tan mentado poder del séptimo arte.

“El cine no hace nada particularmente original, no crea nada. Se limita a proyectar un reflejo de la sociedad en su conjunto. A veces los actores nos damos demasiada importancia. Nuestro trabajo es uno de los más simples que existen”, dijo la pelirroja.

Es una actriz privilegiada a la que la edad no la ha limitado. Más bien todo lo contrario, quizás porque ha tenido una gran intuición para aceptar papeles secundarios en películas de alto presupuesto como Los Juegos del Hambre y jugársela por proyectos alternativos en el cine de autor como Polvo de estrellas, del canadiense David Cronenberg, donde compartió cartel con el siempre eficiente John Cusak.

“Tengo la suerte de trabajar regularmente. Creo que, en todo caso, depende del tipo de cine del que se esté hablando. Las películas comerciales están hechas para acumular el mayor beneficio posible en el mercado mundial. En este momento, la tendencia es hacer películas de superhéroes, basadas principalmente en los efectos especiales y están dirigidas a un público muy joven. En ese cine, obviamente, hay menos lugar para actrices de más de 40 años y hasta diría incluso menos lugar para las actrices en general”, dijo Moore a la revista Los Inrockuptibles.

“En cambio, en el cine de autor suele haber papeles para actrices como yo. En Polvo de estrellas, mi personaje es una actriz que envejece, que tiene miedo de ser olvidada, pero que no lo ha sido. Está entre la realidad de su estatus y sus propios miedos. Es genial actuar ese personaje y, aunque estoy menos angustiada que ella, sus miedos evocan una realidad de nuestra condición”, agregó.

De todos sus trabajos en los últimos años, sin duda ha destacado su caracterización de la política derechista de Alaska Sarah Palin, en un telefilme donde pudimos disfrutar sus enormes dotes para la mímesis.

“En este caso, Sarah Palin no tenía conocimientos como para ser vicepresidente, pero tenía carisma. Los republicanos admitieron que se habían equivocado en el casting. En todo caso, fue apasionante hacer ese papel”, dijo a LI, con su habitual sinceridad de mujer intelectual que escribe exitosos libros para niños y a menudo ofrece interesantes visiones acerca del negocio del espectáculo.

“Estoy muy contenta de escribir para chicos, me siento afortunada por tener distintas posibilidades. La escritura y la actuación son dos actividades muy diferentes. Cuando escribes, manejas todo. Cuando actúas, dependes del deseo de los directores. Además, hacer una película es una experiencia colectiva y eso me gusta mucho”, dijo la actriz que a las puertas del Oscar nos reconcilia con la idea del arte verdadero en relación con el a menudo hueco y efímero mundo del entretenimiento.

Previous La Columna de CORNELIO MONTAÑO: “El Borrego” no se va del PRI; no pasa nada
Next Convoca Madero a reorientar el gasto público con transparencia y eficacia

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *