Tercera Llamada

 LAS ADOPCIONES HOMOSEXUALES

Ismael Estrella Guerrero

Era domingo.

Muy temprano recibí una llamada telefónica de Sebastián, un amigo de la preparatoria del que hacía tiempo no tenía razón. Su padre acababa de morir- según me dijo-, y quería “sacar los rencores”, esos que queman el alma, que por eso me habló.

Recuerdo que me comentó:

“Mi padre, todos los días llegaba borracho y nos ponía unas madrizas a mis hermanas mayores y a mí, al que por ser el menor y único varón le iba peor. No me podía defender ni física ni moralmente. Si bien ellas anteponían su condición de mujer ante aquel energúmeno, no siempre les resultaba, porque el alcohol que traía en la cabeza era superior a cualquier suplicio. Eso sí, cuando estaba sobrio, era un alma de Dios, no mataba ni siquiera una mosca, pero la “peda” lo cegaba. Y es que yo creo que nunca aceptó ciertas condiciones que se presentaron durante mi niñez y adolescencia que más adelante te narraré”.

“Así era mi padre, no te lo puedo definir de otra manera. A causa de su enfermedad alcohólica (supe que era enfermizo hasta que también me dio por empinar el codo, aunque afortunadamente pare a tiempo, antes que se me revirtieran las cosas) nunca pudo superar sus propios traumas sicológicos”.

“Ya tengo 30 años, soy arquitecto y cuento con un buen empleo… ¿Mis hermanas? Ellas salieron de edad temprana de casa. Las tres afortunadamente encontraron buen futuro. Ya están bien casadas, con dos hijos cada una”.

“Mi madre fue la única que tuvo que tolerarlo hasta el último de sus días, cuando él perdió la vida en un estúpido pleito de cantina y todo por defender mi honor…Qué paradójico, ¿No? Ahora que tengo criterio propio me doy cuenta que aunque no viva con el viejo, no hay necesidad de cuidarme de mis condiciones naturales. Soy creyente, católico, tengo mi fe bien definida en un Dios al que le confío todo mis problemas y que me ayuda a resolver otros. Sin embargo, desde que me di cuenta de la actitud de algunos que se dicen representantes del divino en la tierra, opté mejor por no ir a la iglesia. Total, ahí se reza a unas figuras empotradas en la pared o en nichos. Mi casa es mi propia iglesia y al todo poderoso lo tengo bien presente en mis oraciones. Por eso te digo, no necesito ir a la capilla porque mi casa también es la casa de Él. Aprovecho que te hablo para poder desangrar el coraje que traigo luego de escuchar y leer las declaraciones que se hacen con el asunto ese de las adopciones de personas de un solo sexo: Dicen que no es natural que dos hombres o dos mujeres puedan criar a un niño. Habrase oído semejante cosa. Creo que para ellos, lo más natural es crecer en un hogar donde el hijo varón por cuestiones de la naturaleza salió “indiferente”, homosexual pues, pa´que me entiendas, aunque sé que no tengo que aclararte nada, y que tenga que aguantar toda la presión sicológica que tienden a su alrededor por que el “padre es muy macho”, y que por “ese hecho fortuito” reciba, cada vez que se le antoja a su progenitor, una chinga que nunca te la vas a acabar; o ser discriminado no sólo por el tutor de tus días sino por tus hermanos, parientes y otros. O en el caso de la mujer que también nace “con otros gustos” y recibe también malos tratos toda su vida dejándoles a ambos graves conflictos existenciales que a lo único que los puede conducir en un caso extremo es al suicidio. ¿Esto si es natural para ellos? ¿Que esos locos a los que consideran normales de acuerdo a los cánones que impone la sociedad sí pueden tener hijos aunque hagan de ellos lo peor? ¿O los que se divorcian cuando el niño es niño aún y no entiende ciertas cosas? ¿O del padre que siempre golpea a la madre con los hijos como testigos? ¿Acaso esos sí crecen sin trauma alguna y se acomodan fácilmente con la sociedad? Y te puedo enumerar mil y un ejemplos más. Mira cabrón, hace mucho dejé de preocuparme por el que dirán, por eso ya no me escondo de nada ni de nadie. En mi trabajo saben lo que soy, algo de lo que mi padre siempre se avergonzó y me quiso mantener al margen desde que se dio cuenta que en vez de jugar al béisbol, o fútbol, prefería jugar con las niñas. Lo peor es que en su enfermiza mente creyó que ese era el principio de un padrote que siempre estaría rodeado de mujeres. Cuando menos en esto no se equivocó, pero no para lo que él siempre se imaginó. Por eso, ahora que leo esas cosas que dicen, más me aferro a mi condición y te aseguro que buscare la adopción de un niño”.

Esta confesión me dejó atolondrado. No sabía y mucho menos creía que se había casado. Su respuesta posterior me sacó de la duda. Menos mal que no le hice algún comentario contrario. Por primera vez en mucho tiempo no fui imprudente

“Mi pareja ya está de acuerdo conmigo. Sí, es el Panchito, el que estuvo con nosotros en la preparatoria. ¿Te acuerdas de él? Igual que yo, tenía el mismo problema, nunca quiso aceptarse como era porque su padre lo tenía amenazado de muerte. Su progenitor ya murió y él se pudo liberar del yugo que cargaba. Influyó mucho para que se aceptara tal y como era, leer el libro de Mary Renault, (Mary Challans) “El muchacho Persa”, sí, ese que habla de “Bagoas”, el amante de Alejandro Magno, el conquistador más grande en la historia del mundo”.

Cuando me hizo este último comentario le colgué el teléfono, y sólo escuché el bip, bip del aparato sumándose a mis pensamientos de ese instante.

¡Mira que hacer comparaciones de un tipo de la historia universal!… ¡De un conquistador! Con los problemas que ahora arrastran los homosexuales por el asunto, primero de los matrimonios, y ahora por las adopciones.

Creo que es una guerra de la que muchos saldrán “raspados”.

Por muy religiosos que sean.

Y el que se sienta libre de culpa, que lance la primera piedra.

O aún mejor, que se salga del clóset.

Escríbanos, sí quiere: ismael.estrella@live.com.mx