Tercera Llamada

 Por Ismael Estrella Guerrero

 

Hay tela de donde cortar…

De aprovecharse el sinnúmero de recursos turísticos que en materia de infraestructura religiosa existen en diferentes poblados del sur de Sinaloa, se podrían provocar programas promocionales y de paso, crear empleos de manera directa e indirecta con los que decenas de familia tendrían la oportunidad de solventar- en buena medida- su precaria condición económica, además que quizá evitaría que muchos de sus miembros se dedicaran a la que consideran una fácil faena: delinquir, en parte, para poder llevar el pan a su mesa y porque consideran que este es el último camino que les queda para poder hacerse de dinero.

Cuando toco el tema de turismo religioso, lo hago con el afán de dar a conocer la existencia de infraestructura (iglesias y otras construcciones eclesiásticas) y leyendas que en torno a este contenido existen en la región- basándome en Concordia y Rosario, únicamente, aunque existan otros más, que bien pudieran caber en el contexto- a los que desgraciadamente ninguna autoridad, llámese municipal, estatal o federal, le han dado la menor importancia, todo lo contrario de otras entidades federativas, en las que turísticamente explotan las cuestiones religiosas con buenos dividendos económicos, sobre todo cuando se trata de publicitar los días del “santo patrón” de cada lugar.

Va un ejemplo:

En el mes de noviembre tenemos la celebración de “muertos”, que, incrustado con el festejo de importación denominado “Halloween”, se convierten en un buen pretexto para venirse a vacacionar a Mazatlán y que por ende, podría ser bien aprovechado para publicitar lo que en materia religiosa realizan en los pueblos a los que hago referencia con siglos de tradición manteniendo su homenaje a los que ya se fueron y que bien valdría la pena hacerlos factor para darlo a conocer más allá de “nuestras paredes”.

Sin embargo, es al festejo extranjero al que le dan mayor relevancia, sobre todo los jóvenes que no muestran el menor interés por eventos, que son meramente mexicanos.

Desgraciadamente es la influencia cultural extranjera la que los atrapa (y a alguno que otro “yuppie”, sin dejar de lado a los que, por su “capacidad económica”, creen que es mejor lo de fuera y la adoptan como suya)  y prefieren irse a sitios en los que predominan valores diferentes; específicamente donde la música de estridentes chillidos sin ningún contenido ni valor culterano los apartan de lo autóctono; o en los ahora denominados antros en los que el alcoholismo y la drogadicción son sus valores preponderantes, sin dejar de lado a los que “intelectualmente” sienten que lo mexicano pasa a un segundo término y copian fielmente lo que en otros países es parte de su esencia.

Por eso, cabe bien el comentario de que debemos dejar de lado las influencias negativas que nos llegan a través de diferentes medios, y más aquí, en Mazatlán, que por ser puerto y destino turístico, están expuestos a influjos culturales que no son nuestros y de paso causan desvíos emocionales.

Las investigaciones hechas en algunos poblados del sur de Sinaloa me llevan a la conclusión de que es mucho lo que se puede hacer con poco, ¿por qué? Porque los servicios, por llamarlos de alguna manera, ya existen y no se tiene que invertir en ellos, tomando en cuenta que al turista le encanta ver “lo que es viejo” con mucha historia, y de eso están lleno esos pueblos, recordando aquella anécdota del nuevo millonario que se fue a conocer Roma, y que al regresar le preguntaron sus amigos cómo le había parecido el viaje, a lo que respondió, “para piedras viejas, en mi pueblo hay muchas…”

El turismo religioso es una muy buena vertiente que no solo mejora la economía de los lugares, también estimula una mejor convivencia comunitaria, al ser reconocidos sus valores tangibles e intangibles, tanto culturales como históricos.

Por eso sostengo que, a las autoridades correspondientes lo que les hace falta es creatividad, salir de las oficinas refrigeradas y acercarse al pueblo; siempre he dicho que el gobierno es un mal necesario y la sociedad civil un bien indispensable.

Ahora, si bien es cierto que su cercanía con Mazatlán los puede convertir en sitios que “obligadamente incluirían” en los panfletos promocionales, también lo es que por sí solos merecen que los consideren como lugares que cuentan con todo para que reciban los apoyos que emanan de la Federación.

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