Tercera Llamada…

Ismael Estrella Guerrero

 

*Telefonazos y amenazas

 

Los telefonazos anónimos exigiendo dinero para no causar daño a algún familiar; de supuestos premios ganados en concursos que ni sabemos de su existencia; avisos de que la tarjeta de crédito está excedida; llamadas advirtiendo bombazos, o que el plazo a pagar en cualquier comercio se venció o está por fenecer, y otros más, se han convertido en un común denominador que causa hondo pesar en quienes son sus víctimas.

Es verdaderamente preocupante que este tipo de situaciones priven a muchas gentes de la tranquilidad y los mantengan en un sopor y angustia permanente, ante el riesgo de sufrir alguna anomalía que venga a destrozar el seno familiar.

Y es que en realidad muchas de las preocupaciones que padecemos, en parte, son responsabilidad de empresas que no tienen el menor empacho en contratar telefonistas para que de manera permanente estén comunicándose con “quien sea” para vender algún producto, informarle de las ofertas, decirles que la tarjeta fulana de tal es la mejor, o que preguntar por quién no vive en el domicilio y a quien buscan desde hace mucho tiempo “por que no ha liquidado cierta deuda bancaria” y en el peor de lo casos, cuando amenazan de hacer daños si no se les paga determinada cantidad.

Desde luego que también están las que anuncian que ganamos algún premio en efectivo, con un automóvil y quién sabe que “alegrías más”.

Y lo curioso es que cada cual toma su propio horario.

Quizá a usted le ha tocado más de una vez atender esas llamadas a tan deshoras de la mañana, poco después de las 6, para preguntarle si ahí vive “fulano de tal”. Conste que no hablan una sola vez, lo hacen de manera reiterada y no se convencen que la persona a la que buscan nunca ha vivido en el domicilio.

Ora sí que son tercos.

Aunque les den mil y una explicaciones, les vale, ellos siguen llamando al mismo número. Como que juegan a ver quién se cansa primero.

También están las llamadas de negocios establecidos: ¿“Está zutano de tal”? y aunque le diga que no, le echan su perorata para explicarle que “tenemos las mejores ofertas de…esto… y aquello…Responda que no le interesa y es como si les entrara por un oído y les saliera por otro, por que continúan hablando y hablando.

Es su trabajo, para esos los contratan.

También existen muchos trucos para realizar la transa, como el de informar por teléfono que ganaron un premio en efectivo, que de acuerdo a los mecanismos que aplican en diferentes tiendas del país, resultaron electos, pero es menester enviar el número de la tarjeta de crédito para poder depositarles.

Desde luego que este resulta risible. Por lo ingenuo que resulta creer.

“¿Pero… y si fuera cierto?

Desgraciadamente todavía hay quienes caen.

Y es que la necesidad es mayor que la prudencia.

El pueblo quiere tener el milagro de que las cosas se den de manera favorable.

Pues Pobres.

En la gran mayoría de los casos, los aparatos telefónicos tienen ya un identificador de números para saber quién está hablando y saber sí responden o no.

Pero también hay personas que ya no leen los mensajes si no saben quién se los envía.

Prácticamente, nos encontramos bajo el poder de la anarquía de la comunicación por que ya no tenemos la suficiente confianza como para responder a llamadas que paradójicamente pudieran ser una emergencia, de algún conocido, que al no tener su teléfono en esos momentos tuvo que recurrir a otro para  poder comunicarse con quien necesite.

En lo personal me han comentado algunos compañeros que prefieren no responder el teléfono cuando no identifican a su interlocutor,

Que bueno sería que llegáramos a esa era, como en las películas de ciencia ficción en las que los teléfonos ya aparecen con pantalla de televisión y se puede ver con quién está hablando.

En algunos casos ya existen, pero aún no se extiende a todos los mortales.

 

Ismael.estrella@live.com.mx