*¿Nos alcanza la ola del sureste?

*Asesinados, dos veces víctimas

*Las soluciones de Malova y Felton

 

FRANCISCO CHIQUETE

Los asesinatos a alcaldes ocurridos en Chiapas y Guerrero dieron a la violencia un carácter de alarma que sólo ha sido superado por otros acontecimientos, también bestiales ocurridos en diversos puntos del país. Sinaloa desde luego, no ha caído en ese extremo, pero el miércoles ya ocurrió el crimen de un exalcalde.

No se puede decir que la muerte de Roberto Rodríguez Ontiveros haya sido de carácter político. Sus tiempos de hombre público pasaron hace tiempo, y aunque tuvo una participación fuerte en la campaña electoral reciente, finalmente su partido –el PRI- perdió la presidencia municipal de El Rosario y la diputación local del distrito correspondiente.

En cambio pareciera que el homicidio tiene más que ver con la acción del crimen organizado, no porque el exalcalde y dirigente ganadero tuviese algo que ver con ese negocio, sino por la presencia de las bandas criminales en El Rosario, que se ha visto asolado por enfrentamientos con armas de alto calibre y crímenes masivos a los que nadie ha podido poner alto, y mucho menos sancionar.

Recientemente se conocieron declaraciones de elementos de la Policía Ministerial del Estado, que en tono de reclamo reconocían: “la gente piensa que no trabajamos”. ¿Qué otra cosa puede pensar la gente, en efecto, si los asesinatos se multiplican y nadie paga por ellos?

La situación en el estado alcanza niveles de gravedad que han llevado al gobernador Mario López Valdez a reconocer que en materia de crímenes “nos hemos estancado”. No sé qué significará eso, pero cambia de manera importante la actitud del mandatario, quien siempre había aseverado que en materia de seguridad habíamos avanzado de manera importante.

La sierra rosarense es un punto rojo, aunque no el único. Han ocurrido acontecimientos graves en San Ignacio y en prácticamente toda la zona norte del estado. En Choix ha sido tan espectacular la acción delictiva, que las fuerzas de seguridad han iniciado persecuciones que terminan en puntos donde la experiencia dice que no es aconsejable seguir, porque los cazadores se convertirían en casados

En el sur del estado ni esas persecuciones han ocurrido. Lo que se ha visto es la creación de enormes operativos cuyo propósito es ir a confirmar los acontecimientos que alguien denunció y en su caso recoger los cadáveres para someterlos a los protocolos correspondientes, es decir, a la parte burocrática de la seguridad.

Alguien decía que siendo el territorio de su residencia formal o al menos procedencia original, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, Chuytoño, pondría especial énfasis en recuperar la tranquilidad para el área, pero si los focos rojos están distribuidos por todo el estado, la falta de resultados tendría que reflejarse, como se refleja, también en nuestra región.

No habíamos tenido registro de un asesinato con la característica tan particular de que la víctima fuese un exalcalde, pero ha habido casos muy escandalosos cuyos procesos siguen durmiendo el sueño de los justos. Algunos años atrás mataron a siete muchachos en la sierra de Concordia, y el procurador vino a decirnos que estaban trabajando y que los asesinos estaban ubicados, sólo que “no hemos tenido la suerte de atraparlos”.

Más recientemente asesinaron a diez personas, cuyos cuerpos fueron encontrados en una camioneta. El procurador ni siquiera nos dio ahora el consuelo de reconocer que la suerte sigue sin acompañarlo. Vaya usted a saber si el haber solucionado ese u otro caso, hubiese evitado el asesinato de Rodríguez Ontiveros.

Lo que sí se puede advertir es que la impunidad podría generar nuevos casos, y que si el crimen organizado o el desorganizado empezó ya a romper límites que antes parecían obvios, podría volverlo a hacer e incluso escalarlos.

Malos chistes aparte, uno se pregunta qué va a pasar ahora: Chuytoño anunció que se vendría a Mazatlán para trabajar en la solución de los asesinatos ocurridos recientemente en el puerto, sobre todo los de dos personas a quienes incineraron después de quitarles la vida. ¿El crimen de Roberto Rodríguez hará que Chuytoño cambie de domicilio y de municipio?

DOS VECES VÍCTIMAS

Una crítica frecuente a las autoridades policíacas, es que en cuanto ocurre un asesinato los agentes corren al lugar de los hechos, rodean y vigilan al cadáver, al que someten a investigaciones que seguramente no serían tan intensas si el investigado fuese el victimario, a quien difícilmente llegan a buscar.

Está ocurriendo de nuevo. En el caso de los dos quemados del puente de la Marina, el único avance del que se sabe es la identificación de los cadáveres, y a partir de ahí el asunto se quedó paralizado.

Tan paralizado, que ni siquiera se han entregado los cuerpos, a pesar de que los familiares acudieron, dieron información fehaciente, a pesar incluso de que pese a la incineración, los rostros quedaron reconocibles, de suerte que no hay ningún riesgo si se hace la entrega correspondiente.

Pero ocurre que siguiendo los llamados protocolos, se levantaron pruebas de ADN (con las que la propia familia cooperó sin limitaciones) y los resultados tardan hasta nueve días en llegar. Durante todo ese tiempo, los parientes estarán sufriendo la angustia de no poder siquiera terminar con los deberes elementales del caso.

Es la burocracia llevada a su máxima expresión, al punto de deshumanizar los procedimientos.

TIENEN RAZÓN: NI COMO DEFENDERLO

Comentábamos en una entrega reciente que ni los colaboradores más cercanos se ofrecen a poner el lomo o a dar la cara en defensa del gobernador Mario López Valdez, a quien le han llovido señalamientos y por lo visto, le seguirán lloviendo de aquí al término de su mandato. Y quizá todavía más adelante.

Pero después de las declaraciones de Malova sobre la pobreza en Sinaloa, uno entiende que no hay modo de que alguien se meta a defenderlo. Al menos no mientras él mismo se eche tierra con sus propias declaraciones.

Al comentar las evaluaciones del Inegi, López Valdez dijo que una cosa son las estadísticas y otra la realidad. En Sinaloa hay pobreza, admitió, pero sólo pasa hambre el que es flojo. Y explicó con la vieja teoría del naturalismo, dijo que el que quiere puede ir a sacar pescado del mar, o entrar a una milpa por un elote, a una huerta por un mango.

Pareciera que el gobernador está aplicando las máximas del Chenel Valenzuela, quien por tal de ir a regalar cosas a sus posibles electores, se mete al patio done hay árboles de aguacate, o va y se mete al rancho familiar para sacar un becerro y rifarlo.

Las curiosas fórmulas emancipatorias y quitahambre del gobernador no toman en cuenta que las milpas y las huertas tienen dueño y que hasta el mar está concesionado en muchos de sus puntos más productivos.

La cosa es que al menos en teoría, la acción del gobierno debe estar orientada a promover una distribución más apropiada del ingreso, a estimular una capilaridad social más efectiva, no a recomendar el robo hormiga de productos agrícolas, que al final no significa otra cosa que el reconocimiento de no haber podido hacer más para extender la justicia social.

NO SÓLO LA CNTE

En el gobierno municipal muchos se sorprendieron de ver que en la agenda del alcalde Carlos Felton de principios de semana, aparecía una audiencia con el director de proyectos especiales, arquitecto Roberto Díaz. Por supuesto que el alcalde es libre de reunirse con sus colaboradores sin que nadie deba extrañarse por ello, pero ocurre que el personaje en cuestión tenía mucho tiempo desaparecido de las oficinas municipales.

Después del fracaso de sus proyectos grandilocuentes, Díaz dejó de tener el papel beligerante y protagónico que se había construido en la administración, y la mayor parte de la gente pensaba que había renunciado y dejado la ciudad. En las áreas administrativas, por supuesto, se sabía que el pago quincenal de don Roberto se siguió pagando religiosamente a pesar de esas ausencias no explicadas.

Se sabe que el funcionario enfrenta una fuerte situación familiar que le obliga a pasar el tiempo fuera de la ciudad; que el tema es sumamente delicado y que por ello decidió entre el asunto y su trabajo, aunque el alcalde decidió que los malos tiempos sólo se enfrentan con la solidaridad de las instituciones, y en un buen gesto personal, decidió que el ayuntamiento le sostuviese su sueldo. Luego dicen que es falto de sensibilidad.