Eduardo Bours se descarta como candidato independiente al Senado


Posicionamiento ante las candidaturas independientes, el sistema de partidos y el PRI

 

“El PRI no puede seguir siendo patrimonio de personajes, familias y de grupos”.

 

Eduardo Bours Castelo.

En lo personal, reconozco que el esquema de Candidaturas Independientes -a pesar de haber evolucionado con las últimas reformas electorales-, continúa enfrentando importantes desventajas frente a los Partidos Políticos.
Esas desventajas van desde los aspectos procedimentales (requisitos) hasta los financieros que en conjunto generan obstáculos para que los ciudadanos incursionen en las contiendas electorales con el afán de cambiar el espectro político-electoral nacional centrado exclusivamente en el rejuego partidista.
A pesar de ello, soy un convencido de la necesidad y utilidad de las Candidaturas Independientes.
Esto es así, porque si bien es cierto que los Partidos Políticos por su papel de mediación pueden considerarse como necesarios para la democracia representativa y participativa; también lo es que actualmente constituyen un lastre para el desarrollo de la democracia mexicana.
Y no existe Partido que sea excepción, incluido el PRI. Todos los Partidos de la geometría política e incluso los de reciente creación, se han sumado a la partidocracia mexicana y les caracteriza un denominador común de doble via: su enorme dependencia de los recursos públicos y su también enorme distancia con la sociedad mexicana.
En esa distancia han creado su propia estructura interna de poder con el predominio de las negociaciones, arreglos y cuotas cupulares, convirtiendo a los intereses personales y de grupo, e incluso familiares, en los intereses del Partido.

Esa estructura interna de poder, generalmente sin proyecto ideológico o programático, llevan a una mayor lejanía con la ciudadanía; pero también de manera casi inexorable a una pésima selección de candidatos.
A eso le llaman “pragmatismo”, que no es otra cosa más que la representación de la lucha por el poder entre Partidos; pero también al interior de ellos. A la sociedad, a la gente todavía se le pone a un lado.
El gran tema se centra en los mecanismos para definir a sus candidatos. Las leyes electorales todavía responden y están hechas a la medida de la Partidocracia, en la cual la cerrazón, junto a los intereses personales-familiares y de grupo tienen el mayor peso y aún prevalecen.
Por eso, la verdadera, responsable y seria democracia al interior de los Partidos rebasa su vida interna para insertarse en el interés general, y por tanto, en la esfera pública. En la medida que avancen en ello, los Partidos Políticos ganarán en credibilidad: la gran deuda de todos ellos con los mexicanos.
Pero mientras eso sucede, creo firmemente que las candidaturas independientes, con todo y las trabas que persisten, han sido útiles y continuarán siéndolo, en beneficio de la gente.
Esto, en al menos dos puntos: para que los ciudadanos puedan elegir candidatos fuera del aparato partidario; y para que quienes no encuentren en los Partidos Políticos alguna posibilidad para contender para algún cargo de elección popular, puedan hacerlo por esta via.
En pocas palabras, las Candidaturas Independientes abren la cerrazón existente en la Partidocracia para el ejercicio de dos derechos ciudadanos fundamentales: el de votar y el de ser votado. Con el beneficio adicional de “forzar” a los partidos a mejorar la selección de candidatos. Si aparte se logra concretar la eliminación de los “Plurinominales” se elimina también un importante mecanismo de control cupular.

El dilema personal fue que convencido de lo hasta aquí señalado, entraron en juego otros factores para tomar la decisión definitiva de transitar por la via de una candidatura independiente hacia el Senado de la República.
Como siempre lo he dicho, en todo momento he procurado mantener principios y convicciones. Entre ellas están la congruencia, la lealtad, el agradecimiento y la persistencia.
Aún cuando estoy cierto de contar con la posibilidad real de cumplir en tiempo y forma con todos los requisitos, así como de un eventual triunfo, he decidido no optar por esa via. En el seno del PRI, y ciertamente bajo mecanismos poco ortodoxos y convencionales del Partido, fui Senador de la República, Candidato a la Gubernatura y Gobernador de mi Estado. Por eso prevalece y es más importante ese mensaje de lealtad y congruencia con mi Partido.
Pero también prevalece la persistencia. Persiste mi afán de insistir en que el PRI no tiene dueños, de que en el PRI existe una militancia valiosa y comprometida. Es necesario insistir en que el PRI debe acercarse a la sociedad, abanderar sus causas, atender sus necesidades y aspiraciones; pero especialmente el PRI debe abandonar la cerrazón y cambiar el método de selección de sus candidatos.
La selección de candidatos no puede continuar como el punto oscuro de la democracia interna priísta. No debe seguir siendo el resultado de cuotas de poder en el rejuego cupular partidista. No puede seguir siendo patrimonio de personajes, familias y de grupos.
El 19 de septiembre abrió una especial coyuntura para cambios de fondo, para cambios estructurales. El PRI ha dado pasos iniciales. Sin embargo, ello tampoco es responsabilidad exclusiva de la elite partidista. Esos cambios de gran calado, sólo se darán con el empuje de todos, con la voz completa y firme de todos, con la participación y el compromiso de todos.

Todos debemos tomar en nuestras manos el destino del PRI y ese no puede ser otro que acercarse a la gente, al ciudadano y para eso se necesita apertura. Creo que esta es la encrucijada de todos los Partidos.
Es momento de desbaratar esa Partidocracia que sólo ha generado cúpulas y grupos enfrascados en la lucha por el poder para su beneficio; y que lamentablemente ha arrojado no pocos casos de enriquecimientos inexplicables en uno o en otro Partido.
Es momento de participar, de levantar la voz, de comprometerse. Es momento de reconocer aciertos, pero especialmente los errores. Durante mi gestión como Gobernador de Sonora reconocí y respeté el valor de la crítica, de los contrapesos y los equilibrios. Siempre te impulsan a crecer mejorando y a mejorar creciendo.
Pero es responsabilidad no sólo del gobernante o del dirigente partidista. Es responsabilidad de todos, en lo individual o como grupos o como sociedad organizada.
En Sonora tuvimos recientemente un sexenio sin contrapesos, sin equilibrios y de grandes excesos. Con Partidos de oposición complacientes hacia el gobernante, con base en redes de poder y complicidades. Con cámaras empresariales, colegios de profesionistas y con un sector académico apáticos, sin compromiso, e incluso buscando congraciarse con el poder. Con medios de comunicación callados en su gran mayoría y sin ejercer a cabalidad su importante poder y capacidad para evaluar, avalar o rechazar acciones de gobierno.
Todos sabemos cómo nos fue como sociedad. Todos conocemos los resultados para Sonora. No permitamos que vuelva a suceder.

Hermosillo, Sonora a 06 de octubre de 2017.

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