Durazo lanza acusaciones a otros lados, él no asume culpa


EL MENTIDERO

Cornelio Montaño C.

Octubre 19, 2019

+ Durazo lanza culpas hacia otras instancias

Por la magnitud y el impacto nacional y mundial que tuvo el fallido operativo federal realizado en Culiacán el jueves 17 de octubre, donde fue detenido y vuelto a liberar Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, podemos decir que el “Culiacanazo” marcará un antes y un después del gobierno de la Cuarta Transformación.

Y lo decimos, porque a partir de ese día muchos ya no verán con el mismo optimismo y la misma confianza la política de seguridad que sigue el gobierno federal para tratar de frenar la ola de violencia que vive el país.

Para muchos inversionistas puede ser indicativo de que el Estado de Derecho no está funcionando adecuadamente y en consecuencia poner en tela de duda las garantías que les ofrezcan para expandir sus negocios en el país.

No hay por qué caer en el extremo de demandar que renuncie el presidente Andrés Manuel López Obrador; pero sí es necesario que se tomen cartas en el asunto y se destituya al o los responsables de llevar a cabo dicho operativo fallido.

Es un hecho, algo tiene que hacer el Presidente para mandar la señal de que quiere corregir el error y que toma medidas al respecto.

El error es de gran magnitud y como mínimo debe rodar la cabeza de uno o dos secretarios del gabinete, porque limitar todo al despido o destitución de comandantes o funcionarios menores, sería únicamente tomar chivos expiatorios.

En el gabinete de seguridad actuaron en este caso como “La Chimoltrufia”. El día que estalló el infierno en Culiacán declararon una cosa y al siguiente dieron otra versión, mientras la caprichosa realidad mostrada en videos y fotos por las benditas redes sociales que confirmaban lo evidente.

El secretario de Seguridad Pública y Participación Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, quien lleva la voz de mando en el gabinete de seguridad donde también están los secretarios de la Defensa Nacional, general Luis Cresencio Sandoval; de la Marina, almirante José Rafael Ojeda Durán; y el comandante de la Guardia Nacional, general Luis Rodríguez Bucio, se ha negado a admitir que las fuerzas federales tenían detenido a Ovidio Guzmán; pero el propio Presidente de la República ha confirmado varias veces que sí estaba detenido y que él estuvo de acuerdo en liberarlo.

Durazo hace uso de pura semántica cuando los periodistas lo cuestionan y le piden confirmar si tenían detenido o no a Ovidio Guzmán, y repite siempre que “había sido ubicado en una vivienda del Desarrollo Urbano Tres Ríos”, y que ante la reacción violenta del Cártel de Sinaloa decidieron por unanimidad en el Gabinete de Seguridad “suspender el operativo de captura”; negándose a admitir que sí lo tenían detenido.

El Presidente López Obrador dijo: “Avalé la liberación del hijo del Chapo para proteger vidas”. Es decir, no puedes liberar a quien no está detenido. Entonces, ¿Durazo mantendrá su discurso semántico de no reconocer que capturaron a Ovidio Guzmán, aunque esto signifique desmentir al Presidente?

Durazo también dijo la noche de los hechos violentos, que de manera fortuita habían dado con el paradero de Ovidio Guzmán, después de que una patrulla de soldados que hacía un recorrido de rutina en el fraccionamiento Tres Ríos en Culiacán fueron atacados desde una vivienda y los soldados repelieron la agresión (la misma cantaleta en todos los operativos para librarse de que actúan sin orden de cateo ni orden de aprehensión) y que por tal motivo los soldados tomaron el control de la vivienda y que en su interior se encontraban cuatro personas, una de ellas Ovidio Guzmán.

Durazo explicó que no podían considerarlo detenido, porque no contaban con la orden de cateo ni orden de aprehensión, y lanza acusaciones y culpas contra el Poder Judicial alegando que por la tardanza cómplice de algún juez o magistrado corrupto, no lograron tener a tiempo la orden y eso motivó que les cayeran en bola los sicarios del cártel de Sinaloa para exigirles la entrega de Ovidio que se encontraba privado de su libertad, aunque Durazo no lo quiera llamar ”detenido”.

Pero otra vez, el propio Presidente lo desmintió al declarar a los medios de comunicación que Ovidio había sido detenido porque había una orden de aprehensión derivada de una solicitud de extradición del Gobierno de Estados Unidos.

Además, los videos que circularon en redes sociales muestran un operativo perfectamente planeado, con muchas unidades y elementos, para llegar a rodear la casa donde estaba Ovidio Guzmán, no se ve que sea nada fortuito, nada parecido a repeler una agresión ni que les hayan disparado desde la vivienda.

Lo cierto es que el grupo de militares había realizado un arresto ilegal y allanamiento de vivienda y se llevaron al hijo del Chapo.

Todo lo que siguió y la tardanza del Gabinete de Seguridad para dar la información, se debió a que tuvieron que ajustar las cosas para dar una versión que pareciera legal para soltar al hijo del Chapo, una vez que dimensionaron la magnitud de la violenta reacción del cartel de Sinaloa.

En cuestión de minutos, los integrantes del cartel de Sinaloa, reforzados por sicarios que bajaron de la sierra y municipios aledaños a Culiacán, sitiaron la capital sinaloense, bloquearon todas las salidas, aeropuerto, terminal de autobuses, impidiendo que llegaran refuerzos militares, inclusive hay imágenes el paso de un contingente de soldados que se dirigían a la ciudad a apoyar a los responsables del operativo.

Fue tal la capacidad de reacción y de fuego del cártel de Sinaloa que tomaron el control de la Región Militar y la villa donde viven las familias de los soldados, para en seguida hacer contacto por radio con alguno de los comandantes y exigirle la entrega del detenido, el hijo del Chapo.

El operativo falló y se colocó al presidente López Obrador en una situación muy difícil. Prefirió salvaguardar la vida de los soldados y de sus familias, antes que la detención de Ovidio Guzmán.

El mandatario fue orillado a tomar una decisión muy difícil, que cualquier otro en su posición habría tomado, y más después de ser testigos de una demostración de poder de la magnitud que ocurrió por parte de los delincuentes. Ya buscarán otra ocasión y mejor lugar para llevar a cabo el arresto de Guzmán.

“Vamos a ganar el desafío de la paz, pero no convirtiendo a México en un cementerio mayor al que ya ha sido por tantos años”, dijo Durazo ayer en Culiacán. Pero no dice cómo van a lograr esa paz, ni cómo van a detener y desarmar a los grupos delictivos sin derramar sangre.

Pero, hay qué recordarle. En esta semana negra de su gestión, los delincuentes le han dado tres demostraciones de muy alto impacto, de que ellos sí seguirán derramando sangre si no los frenan. Ahí tiene la emboscada y masacre de policías en Michoacán y el enfrentamiento de Iguala, Guerrero, con saldo de más de una docena de muertos.

Para cerrar la semana negra de Durazo tenemos el “Culiacanazo” del jueves 17 de octubre, donde hasta hoy, Durazo sigue lanzando culpas a todos lados, a diestra y siniestra y se lava las manos, no asume culpa alguna de su parte.

Por el contrario, en entrevista con Carlos Loret ayer, dijo que no mintió y no renunciará.

Alguien tiene que pagar los platos rotos, el Presidente debe tenerlo claro, sólo hay que esperar que los paguen quienes deben pagarlos y no chivos expiatorios.

Hasta la próxima, cuídense y sean felices.

Contacto: corneliomontano@hotmail.com

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